¡Freud tiene la culpa!

Los hijos, las madres, relaciones, emociones, comunicación, lazos, sentimientos, complejidades maravillosas del ser humano.

Es muy frecuente escuchar la misma queja entre muchas mamás conocidas y no tan conocidas, entre las amigas que a veces nos contamos nuestras quejas maternales, en el salón de belleza, en los parques, en el sendero de la vida.

“Mi hijo/a no me llama ahora como antes”

“Casi nunca sé de ellos”

“Ya no me toma en cuenta”

La distancia, la incomunicación entre algunos padres e hijos se vuelve una constante en la etapa en la cual los hijos entran a la tan deseada adultez y vuelan de sus nidos como aves libres en busca de su nuevo hogar.

Es lo que muchos dirían “la ley de la vida”, y es que para muchos hijos la relación con los padres, especialmente con la madre en ese preámbulo de la adultez se convierte en un verdadero dolor de cabeza.

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Para cualquier ser humano su principal relación es con su madre. La primera experiencia con su nueva realidad será a través del pecho que le dará alimento. Su contacto con el amor y el mundo es la piel de su mamá, las sensaciones buenas o malas, placenteras o no, las conocerá de su mamá. Según el amigo Freud, la relación con el mundo se marcará en esos primeros momentos, de ahí que la forma como se relacione en su vida siempre estará influenciada por la relación con mamá, !que resposabilidad!

Desde luego en el transcurso de su desarrollo habrá otras figuras que irán afectando e influenciando según sea el caso, padre, hermanos, tíos, abuelas, abuelos, maestro, amigos y pare usted de contar.

Para muchas madres, también los hijos forman parte de su relación más importante. Es una relación estrecha, ese cordón umbilical que se corta físicamente al nacer nuestros pequeños pareciera que se mantiene latente de por vida. Que difícil se hace para algunas madres tener que cortarlo para darle independencia a ese adulto que ha de formar parte de la sociedad, y que ya, muchas veces no tendrá nada que ver con la opinión que “mamá” tenga.

¡Ay¡ Que duro suena, ¿verdad?

Pues sí, ésta es una realidad, que rápido pasan los años en que éramos para nuestros hijos un foco de luz, y ellos para nosotras el centro de toda nuestra atención.

De ese pequeñín que acunábamos en los brazos, de esos traviesos del pre-escolar que querían saberlo todo, la chiquita que lloraba cuando la dejaba en la escuela, las primeras patadas en el fútbol, sus primeras bateadas en el béisbol, las primeras piruetas en el ballet, a esos insoportables genios de la adolescencia, ya no queda nada.

¿Qué ha pasado?

¡Los hijos han crecido mamá ¡

Y…comienza la otra historia, nos convertimos en un ¡fastidio! para nuestros hijos. Porque la realidad es que somos ¡un fastidio! entrometidas, temáticas, obsesivas, todo lo queremos saber. Y, ¿quién es ella? ¿Cómo es él? ¿A qué hora vienes? ¿Por qué te vistes así? ¿Ya comiste? No me parece, no me llamaste, no es bueno para ti, no me gusta, no estudies eso, no seas así y bla, bla, bla, bla, bla.

Ese foco de luz se convierte en un reflector que no los deja ver, que fastidio verdaderamente mamá, !que ya crecimos!, ¡somos adultos!

Comienza el segundo destete, porque del primero casi no nos dimos cuenta ya que estaban con nosotras, pero de éste, si lo sentimos, porque para poder ver sus caminos tienen que tomar distancia, se alejan.

Inician su camino con su altas y bajas, si van bien !que inteligentes son!

Pero si las cosas se tuercen un poco, no faltará quien diga: la culpa la tiene su mamá.

Ahí es donde pienso y digo, ¡Freud tú tienes la culpa!

No sé en que pensaba Freud cuando difundió la idea de que toda las madres tienen que ver con la personalidad de sus hijos. Tienen la culpa de cómo les va a sus retoños, porque a partir de ese momento en que empiezan sus vidas de adultos, prepárense, todas las culpas recaen en mamá.

 

Cualquier infelicidad que tengan la culpable es mamá, de foco de luz nos convertimos si acaso en linternas, somos chifladas, ignorantes, pesadas, y a veces hasta malas. De ser las mejores cocinando, nos convertimos en torpes cocineras, antes lo sabíamos casi todo, pero ahora,no sabemos nada, si de tecnología se trata ¡pobre mamá!

Pero de que me extraño, si toda esta historia se repite y se repite con algunos cambios generacionales. Yo también hice de las mías cuando comencé a transitar el camino de la adultez y todo lo que criticaba a mi ¡mamá!, ahora lo hago yo.

!Ahora te entiendo mamá!

Seguramente aunque ella no lo haya expresado, también habrá pensado que ¡Freud tiene la culpa!

Lo mejor de todo es que al pasar el tiempo, mis chipilines, mis amores, los míos y los suyos que ahora son adultos, se convertirán en padres y madres, segura estoy que se repetirá la historia y en algún momento de crisis pensarán y dirán …

¡Freud, tú tienes la culpa!

 

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Selva Elsa Castellón dice:

    Freud tiene la culpa!!!!! Excelente artículo!!! Cuando nuestros hijos crecen y toman su camino y encuentran obstáculos o las cosas no salen bien, entonces la culpa es de la mamá. Claro que la culpa es de Freud con su famosa teoría!!! Me encantó mi querida Silvia!!Un abrazo

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  2. Aura Rivero dice:

    Amiga siempre tan sabia gran contenido para aquellos momentos dificiles que en determinados momentos se presentan.Felicitaciones

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